TIPOS DE ATAQUES PSÍQUICOS (II)


Tipos de Ataques Psíquicos (II) - Mayte del Sol

Tipos de Ataques Psíquicos (II) – Mayte del Sol

 

Tipos de ataques psíquicos (II) – Ya sabéis que hace algún tiempo escribí un artículo respecto a los tipos de ataques psíquicos. En él hablaba de unos cuantos, pero no los detallé todos para que el artículo no fuese muy extenso. http://maytedelsol.com/tipos-de-ataques-psiquicos-i/

En esta ocasión vengo a terminar lo que comencé respecto a este tipo de agresiones invisibles. Aunque no las percibamos con nuestros ojos, sí lo hacemos con nuestros sentidos y nuestro aura. A partir de ahí, el terreno está abonado para que los intrusos etéricos se instalen en nuestro cuerpo y nos fastidien a base de bien.

 

Como os decía, no es lo mismo un ataque energético que uno psíquico. En el artículo anterior hablé de los ataques personalizados y por condensación. Los primeros van muy enfocados a nuestra persona y pueden estar dirigidos por alguien o “algo” que pretenda hacernos daño. Los segundos pueden producirse por contaminación, como yo digo, por encontrarnos en un lugar donde no deberíamos estar.

 

Para terminar de hablar de estos fenómenos, mencionaré estas dos modalidades, sobre todo la primera de ellas, el Ataque Psíquico Prolongado, muy habitual y que suele derrotarnos si no estamos muy atentos y fortalecidos. El segundo, el Inconsciente, para mí puede ser el más dañino.

 

Ataques psíquicos

Ataques psíquicos

ATAQUE PSIQUICO PROLONGADO

Al igual que los anteriores de los que hablé , este tipo de ataque es también de carácter «impersonal», y supone el mantenimiento a lo largo del tiempo (meses o años) de una presión psicológica sutil sobre un individuo.

 

En realidad, es un ataque de tipo indefinido en cuanto a su procedencia, puesto que no se le puede achacar a alguien en concreto y, ni siquiera, a un lugar en concreto. Este tipo de influencias suele afectar a personas que tienen una alta sensibilidad astral, especialmente hacia subplanos astrales de tónica medio-baja.

 

Por poner un ejemplo, supongamos que una persona capta en exceso las vibraciones desarmónicas que hay a su alrededor, ya sea en el trabajo, en el barrio, en la ciudad, o sencillamente, al entrar en un bar o local de ocio. Esta es una situación complicada, y de ahí que la terapia a aplicar en este tipo de casos no sea fácil. Algo que requiere, por encima de todo, es voluntad, ya que por lo general el origen de este tipo de ataques es kármico, es decir, la persona ha estado relacionada en el pasado, ya sea en la vida presente como en anteriores, con el mundo de las experiencias psíquicas, pero éstas no han sabido ser bien canalizadas o utilizadas.

 

En estos casos es especialmente importante que la persona atacada modere sus actividades de carácter místico, religioso o esotérico al mínimo necesario. Digo esto porque dichos individuos tienden a zambullirse en multitud de experiencias psíquicas, como por ejemplo, consultas continuas a astrólogos o tarotistas. Siempre digo que no es bueno consultar al tarot cada semana. Las cartas se vuelven “locas”, por así decirlo, y dan mensajes contradictorios. Hay que dejar pasar algo de tiempo para que lo anunciado en una lectura se vaya cumpliendo.

 

Estas personas también tienden a participar en grupos más o menos cerrados, leer muchos libros esotéricos, etc. «Moderar al mínimo necesario» no significa abandonar este tipo de actividades, sino racionalizarlas y utilizarlas de manera sensata. Si esas personas han incurrido en excesos de este tipo en encarnaciones pasadas, en esta vida es conveniente que los equilibren. Es preferible que, en dicho caso, desarrollen actividades más concretas y ligadas al mundo de la creatividad material, como el arte, el trabajo creativo, el deporte, y otras manifestaciones no intrínsecamente de carácter metafísico. Si reducen cualquier tipo de prácticas místicas a una o dos veces por semana, podrán ir recuperando la sensación de protección interior.

 

Y si utilizan algún tipo de autoprotección personal, será lo mejor para deshacerse de este tipo de ataques y repelerlos de manera óptima.

 

Ataques psíquicos inconscientes

Ataques psíquicos inconscientes

ATAQUE PSIQUICO INCONSCIENTE
Bien pensado, opino que habría que llamarlo «ataque psíquico germinado y amplificado en el inconsciente», pero es un título demasiado largo. Como se puede suponer, esta cuarta clase de ataque psíquico es muy especial, porque es generado por la propia persona contra sí misma. El poder del inconsciente es grande, y la persona sin quererlo, a través de emisiones psíquicas o pensamientos insistentes, puede ir generando una «figura psíquica» o una «figura mental». (Aquí entrarían en juego imágenes como las de los Tulpa, creadas por uno mismo, tal como le sucedió a Alexandra David-Néel en el Tíbet a finales del siglo XIX. Pero ese es otro tema en el que no quiero extenderme demasiado en este momento).

 

Esta figura astral o mental podemos crearla por diferentes motivos. Pongamos el ejemplo del continuo temor de una persona hacia algo o alguien, por la manía que le ha cogido a un determinado asunto o actividad, por los errores cometidos en el pasado con algo, por las especulaciones imaginativas descontroladas acerca de cualquier motivo, etc. Por ejemplo, si dicho individuo se siente algo acomplejado por su gordura, y esto se ha ido convirtiendo gradualmente en una actitud obsesiva, el sujeto ha generado una «figura psíquica» de sí mismo que está muy alejada de la realidad. Dicha imagen distorsionada mediatiza a la persona, la manipula, y le obstaculiza el desarrollo de su verdadero Yo. (Los esotéricos denominan a esas figuras «elementales» o «entidades elementales»).

 

Estos fenómenos son, simplemente, manifestaciones de energía psíquica que han tomado una forma determinada, la cual es ni más ni menos que la que su creador les ha dado, muchas veces sin saberlo. Por eso, es bueno no realizar juegos peligrosos con la mente en ese sentido, y dejar que la vida fluya tal como nos viene dada.

 

Aceptémonos como somos, sin querer ni desear más de lo que la vida nos brinda. Está en nuestro destino, lo llevamos en nuestros genes, y estar siempre ansiando y deseando cosas que jamás lograremos puede hacer que nos metamos en aguas pantanosas de las que nos sea difícil salir.

 

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