LUCHAR CONTRA LOS TERRORES NOCTURNOS


Luchar contra los terrores nocturnos

Luchar contra los terrores nocturnos – Mayte del Sol

 

Debido a varios mensajes privados que he recibido al respecto, he creído necesario escribir esta entrada dado que es un tema importante que hay que explicar bien. Imagino que muchos de los que estéis leyendo este post lo hacéis porque, con toda probabilidad, en alguna ocasión habéis sido víctimas de un terror de este tipo. Si no es así, es bueno que conozcáis lo que encierra (por si alguna vez os sucede).

 

Los terrores nocturnos son conocidos desde la antigüedad, y aunque se ha escrito mucho sobre ellos, no fue posible diferenciarlos de las pesadillas comunes hasta que se descubrió el movimiento rápido de los ojos (REM).​ Como sucede con el sonambulismo, los terrores nocturnos se consideran una «parasomnia» asociada al despertar, es decir, una experiencia no deseada durante el sueño. Son como un despertar a medias. Somos conscientes de ciertas cosas del mundo de la vigilia, pero no terminamos de ser capaces de independizarnos del sueño y, muy probablemente, cuando termine el episodio seguiremos durmiendo hasta el punto de olvidar lo sucedido.

 

Lo primero que hay que aclarar es que los terrores nocturnos son un trastorno del sueño que se caracteriza por producir un terror extremo y un estado de incapacidad para recuperar la consciencia completamente. Cuando nos encontramos en este estado, no tenemos control de nuestros movimientos, y es semejante a cuando sufrimos una pesadilla, pero con la salvedad de que es mucho más espectacular.

 

Bastantes personas me han preguntado por qué les sucede un episodio de este tipo, y lo que les respondo es que las causas y las manifestaciones de los terrores nocturnos son de diversa índole. Hay quienes simplemente tienen miedo de la oscuridad, y sin embargo, otros experimentan situaciones más inquietantes como pesadillas frecuentes y repetitivas.

 

Una de las más típicas es el miedo a la oscuridad y a la noche. Esto se conoce con diversos nombres: nictofobia, escotofobia, acluofobia, ligofobia o mictofobia. A pesar de lo que dice la ciencia, está ya demostrado que lo pueden padecer con frecuencia tanto niños como adultos (en tiempos se creía que sólo pertenecían al mundo infantil), porque la oscuridad y la noche son vistas por mucha gente como algo negativo.

 

Como norma general, si es que a normas nos podemos ceñir en el mundo de los sueños, los terrores nocturnos son más comunes durante el primer tercio de la noche. La ciencia los refiere en torno a la medianoche y 2 de la mañana, produciéndose durante el sueño no REM porque un terror nocturno no es un sueño desde el punto de vista técnico, sino más probablemente, una súbita reacción de miedo que tiene lugar durante la transición de una fase de sueño a otra. 

Sin embargo, he comprobado que en bastantes personas que me han escrito, esta parasomnia les ha sucedido en torno a las 4 a.m. y durante el sueño REM más profundo (al igual que sucede con las pesadillas). Lo que sí es común en general es que estos episodios habitúen a durar entre 10 y 20 minutos.

 

A diferencia de las pesadillas, los terrores nocturnos no provocan que nos despertemos. Aunque el sujeto parezca despierto e incluso tenga los ojos abiertos, en realidad está dormido mientras ocurre. Puede ser difícil de despertar y, aunque oficialmente rara vez se recuerda el episodio, en algunos individuos sí que sucede.

 

La mejor manera de luchar contra los terrores nocturnos es utilizar los sueños lúcidos. De ellos ya hablé en dos artículos, de los cuales os dejo los enlaces.

https://maytedelsol.com/suenos-lucidos-i/

https://maytedelsol.com/acerca-de-los-suenos-lucidos-ii/

 

Es la forma más natural de solventar el problema, tal como indican los psicólogos, aunque en ocasiones no funcionan porque el problema puede ser de índole distinta a la psicológica. Por eso, os dejo otra forma excelente de luchar contra los terrores nocturnos de una manera eficaz, sencilla y cómoda. Se hace siguiendo un patrón repetitivo durante el día. Los pasos son los siguientes:

 

  • Lo primero que debemos hacer es atarnos a una de nuestras muñecas un cordel a modo de pulsera. Puede ser del color que deseemos, no importa. También puede ser una pulsera concreta o cualquier otro objeto que no llevemos habitualmente en esa zona de nuestro cuerpo.

 

  • Acto seguido, se programa la alarma del teléfono móvil (celular) para que vibre, pero SIN QUE SUENE.

 

  • Durante el día, tenemos que programar la alarma a cada hora en punto (09:00 a.m.; 10:00 a.m. etc.) para que vibre. Es muy importante que lo programemos también para las 4:10 h. de la madrugada – PERO SÓLO A ESTA HORA DE LA NOCHE -, por supuesto también en modo de vibración.

 

  • Durante el día, cada vez que sintamos que el teléfono vibrar porque se activa la alarma – a las horas en punto en que lo hemos programado -, tenemos que mirar el cordel o pulserita.

 

  • Al mirar la pulsera que nos hemos puesto, debemos preguntarnos ¿estoy soñando? Al verla, sabremos que no lo hacemos, que no estamos soñando (lógicamente es de día y estamos despiertos y activos).

 

  • Por la noche, colocaremos el teléfono bajo la almohada de nuestra cama. De esa manera lo sentiremos mientras estamos durmiendo, PERO NO LO ESCUCHAREMOS y así no nos despertaremos.

 

  • Como hemos estado repitiendo lo mismo durante el día unas cuantas veces, hemos automatizado el gesto. Por eso, cuando por la noche sintamos la vibración del móvil a las 4:10 (repito, es la única hora de la noche a la que lo tenemos que programar para que vibre la alarma), miraremos nuestra muñeca para ver el cordón o pulserita (si nos despertamos de verdad con la vibración del teléfono, el experimento no sirve y habrá que repetirlo otro día).

 

  • Al no verlo, sabremos que estamos soñando y mataremos al terror nocturno.

 

En resumen, la técnica es la asociación de mirar la muñeca cuando vibra el móvil. Eso se extrapola a la noche, cuando estamos durmiendo, y nos ayuda a comprender que no estamos viviendo un episodio terrorífico sino, tan sólo, una parasomnia sin importancia (aunque cause mucho miedo).

 

Ánimo, y haced el experimento. Ya me contaréis.

 

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