EL TAROT NO ES UN JUEGO


EL TAROT NO ES UN JUEGO

 

El tarot no es un juego-Llevo ya muchos años dedicada al mundo del tarot de forma profesional, y como es lógico, me ha consultado gente de lo más diverso: de España, de fuera de España, hombres, mujeres y personas de toda condición y edad. En todo este tiempo he venido observando que, en ciertas ocasiones, algunos de ellos me confesaban haberse echado las cartas a sí mismos en algún momento, pero sin quedar del todo convencidos.

 

Algo que también he observado es que, en la mayoría de dichos casos, se repite un patrón: suelen ser personas con un conocimiento básico del tarot, pero con una gran tentación por leerse las cartas a sí mismas. Es habitual que se hayan comprado un mazo, aprendido lo más elemental, por ejemplo el significado de los arcanos mayores, y a partir de ahí se realicen lecturas a sí mismas. Al final, la mayoría de las veces acaban recurriendo a tarotistas profesionales ante las dudas que les asaltan, reacción lógica por otra parte. Hay que tener en cuenta que ni siquiera aquellas personas que llevamos muchos años dedicándonos al tarot no solemos leer las cartas a nosotras mismas.

 

¿Por qué? Pues porque en el tarot no se puede ser juez y parte. Con el tarot realizas una lectura, una interpretación, y si te echas las cartas a ti mismo, en el fondo estás condicionando el resultado, inclinándote a interpretar lo que a ti te convenga. Por eso, hace falta un distanciamiento. Insisto, no se puede ser juez y parte. De ahí que tampoco sea bueno que te eche las cartas una amiga íntima, un familiar o alguien con quien tengas una relación estrecha, por la implicación emocional que pueda haber entre ambas personas y que dificulte una lectura limpia.

 

EL TAROT NO ES UN JUEGO

 

Cuando afirmo que el tarot no es un juego, no me estoy refiriendo sólo a aquellas personas que se echan las cartas a sí mismas. También incluyo a quienes te dicen que se han comprado una baraja, que aciertan mucho, que se dejan guiar por su intuición… y “ven a mi casa, que te leo las cartas”. El problema es que hay mucha gente así.

 

Obviamente, todo el mundo puede dedicarse a lo que quiera, faltaría más. No obstante, aquellas personas que se compran un mazo de tarot y a las pocas semanas ya se ponen a echar las cartas, al final y por mi experiencia, terminan fracasando. A lo largo de mi carrera profesional como tarotista he recibido, en muchas ocasiones, a personas que decían haber acudido a tal o cual persona, que al parecer sabía mucho, resultando tener unos conocimientos pueriles.

 

Por eso insisto en que el tarot no es un juego. Yo siempre digo que es un lenguaje, un idioma. Es como aprender francés, alemán, inglés… y por eso hay que estudiarlo, interpretarlo y trabajarlo, y sobre todo, no dejar al margen los arcanos menores, cosa bastante extendida entre muchos practicantes de esta mancia. Se debe trabajar con el conjunto de los arcanos; los menores también son trascendentales.

Además, hay que ser conscientes de que existen múltiples tiradas de tarot, no sólo una o dos. Por todo ello, aunque recurrir a una vecina, amiga o familiar sea muy económico o incluso gratuito, algo muy tentador, no recomiendo hacerlo porque esa lectura va a estar condicionada.

 

Mi sugerencia final es que en lo posible y si vuestra economía os lo permite, especialmente si hay temas serios que tratar  httpss://maytedelsol.com/el-tarot-llave-para-resolver-conflictos/, evitéis echaros las cartas a vosotros mismos. No son lecturas limpias. Alguna vez me he intentado echar las cartas a mí misma, y me he dado cuenta de hasta qué punto condiciono la tirada y su interpretación. Como es natural, he tenido que recurrir a otro/a profesional para ello.

 

Hay que seleccionar bien a quién consultamos, porque en muchas ocasiones, el consultante sólo escucha lo que desea oír, y eso es culpa del tarotista. En mis consultas digo lo que los arcanos me transmiten, ya sea favorable o desfavorable. Si las cartas me lo marcan con rotundidad, es mi obligación decirlo. Desconfiad siempre de aquellos que os digan que todo es bueno. Es mucho más fácil dar buenas noticias que malas.

 

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