Rey de Oros


 

Rey de Oros

 

La figura patriarcal del Rey de Oros es una de las más terrenales y a la vez poderosa de los arcanos menores del tarot. Opulento en su trono, y rodeado de lujo y riquezas, siempre indica un fuerte poder económico, asegurando el éxito material en cualquier empresa.

 

Buen consejero financiero, y con una clara mente matemática, cuando el Rey de Oros hace referencia a un hombre en concreto, nos revela que éste posee abundantes bienes o es un emprendedor de éxito. Muy perspicaz en todo lo que hace, no es fácil hacerlo caer en engaños ni someterlo a ningún tipo de presión, pues es muy independiente y no soporta que se le coarte su libertad.

 

Aunque le gusta vivir bien y rodearse de personas influyentes, ya que es bastante clasista, si lo tenemos de nuestra parte puede ser un aliado de confianza. Su inteligencia práctica le lleva a cualquier parte, y su gusto por la estabilidad y la seguridad le hacen ser un excelente gestor y administrador. Con él podemos tener óptimas ocasiones de inversión, ya que sabe ganar dinero sin esforzarse mucho, algo que le genera gran placer.

 

Su consejo no puede ser más claro. La aparición en una tirada nos indicará que hay que actuar de forma decidida y resuelta, sin tener miedo. Si actuamos así, tenemos grandes posibilidades.

 

Cuando se vuelve en contra, el Rey de Oros desata su avaricia y egoísmo allá por donde pasa. De ser una persona generosa, pasa a convertirse en alguien muy estrecho de miras, materialista y que sólo sabe hablar de negocios. El dinero le gusta en exceso, y resulta fácil sobornarlo o meterlo en una trama de corrupción.

 

Tenerlo enfrentado a nosotros puede convertirlo en un rival difícil de derrotar, por lo que deberemos andarnos con mucho cuidado. Puede esconderse bajo el disfraz de amigo, y convertirse después en un enemigo por interés, ya que es una persona mezquina, falsa y poco fiable. Si encontramos el arcano invertido, podremos estar seguros de que nos avisa de usura, especulación, o pérdidas económicas en general, debidas a la ligereza de nuestros actos.

 

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